Recibir una herencia puede traducirse en ganar la lotería o tragarse un caramelo envenenado. Y en los últimos tiempos la segunda opción parece haber prevalecido: el año pasado hubo 37.623 renuncias a herencias, más que el triple que en 2007, cuando las estadísticas del Consejo General del Notariado recogían 11.048 actos. Las razones de este incremento son varias, pero casi todas llevan apellido económico y se reconducen bajo el paraguas de la crisis. Andalucía, Murcia y Galicia registraron las variaciones más acentuadas, País Vasco y Navarra las más suaves. En lo que va de año, sin embargo, parece que la tendencia se está revirtiendo: en el primer semestre de 2016 el número de desistimientos ha disminuido en comparación con el mismo periodo del año anterior, aunque solo en un tímido 4%.

“El número de renuncias es un indicador muy sensible que refleja el estado económico de un país; el hecho que se hayan multiplicado casi por cuatro desde 2007 es señal de una crisis absoluta y total”, reflexiona José Corral, decano del Colegio Notarial de Cantabria. La reducción que parece perfilarse en 2016 es un buen dato, comenta el fedatario, quien recuerda que heredar no es sencillo, pero tampoco lo es desistir: “No solo es un tema económico, sino moral; cuesta mucho repudiar una herencia”, asegura. Pero a veces no hay más remedio.

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